La sostenibilidad de una botella de vino empieza mucho antes de llegar a la mesa
Cuando hablamos de sostenibilidad en el sector vitivinícola, es fácil pensar únicamente en un viñedo ecológico, unas placas solares sobre la bodega o una botella de vidrio más ligera.
Pero la realidad es bastante más amplia.
La sostenibilidad de una bodega comienza en el suelo donde crece la vid, continúa en la forma de cultivar, gestionar el agua y proteger la biodiversidad, pasa por la energía y los procesos de elaboración y termina en decisiones relacionadas con el envase, el transporte y la relación de la empresa con sus trabajadores, proveedores y territorio.
Por eso, una bodega sostenible no es simplemente aquella que incorpora una determinada tecnología o consigue un sello. Es una organización que conoce sus impactos, establece prioridades y transforma progresivamente su manera de producir para utilizar mejor los recursos y reducir sus impactos ambientales, sociales y económicos.
El propio sector está avanzando en esta dirección. En España, el sello Sustainable Wineries for Climate Protection (SWfCP), [JB1] impulsado por la Federación Española del Vino (FEV), evolucionó en 2023 para incorporar, además de los aspectos ambientales, criterios sociales, económicos y de gobernanza. En 2025 alcanzó 142 bodegas certificadas, según la memoria de la FEV. (Federación Española del Vino)
La pregunta, por tanto, ya no es solamente si una bodega puede ser sostenible. La cuestión es cómo puede avanzar hacia una gestión más sostenible y cómo puede demostrarlo.
Del suelo a la biodiversidad: la sostenibilidad empieza en el viñedo
El primer escenario de la sostenibilidad vitivinícola es, lógicamente, el propio viñedo.
La forma de trabajar la tierra condiciona aspectos tan importantes como la fertilidad del suelo, la biodiversidad, la erosión, la capacidad de retener agua y la necesidad de utilizar determinados insumos.
La agricultura ecológica constituye una de las vías posibles. El Reglamento (UE) 2018/848 establece el marco europeo de producción ecológica y contempla expresamente el vino dentro de su ámbito. Entre sus principios se encuentra el mantenimiento y mejora del estado del suelo, el agua y el aire y el fomento de la biodiversidad. (EUR-Lex)
Pero sostenibilidad y producción ecológica no son exactamente sinónimos.
Una bodega puede trabajar sobre la fertilidad del suelo mediante compostaje, utilizar cubiertas vegetales, reducir la erosión o favorecer la biodiversidad y, al mismo tiempo, plantearse objetivos adicionales relacionados con agua, energía, emisiones, residuos, envases o condiciones laborales.
En este contexto está adquiriendo especial relevancia la viticultura regenerativa, que busca mejorar la salud del suelo y recuperar determinadas funciones ecológicas del ecosistema agrícola.
Las cubiertas vegetales son un buen ejemplo. Además de proteger el suelo frente a la erosión, pueden favorecer la biodiversidad y contribuir a mejorar la estructura y capacidad de retención de agua del terreno.
La sostenibilidad también puede traducirse en algo tan sencillo —y tan importante— como dejar de considerar la biodiversidad como un elemento ajeno a la producción.
La instalación de cajas nido para aves insectívoras o refugios para murciélagos, por ejemplo, puede formar parte de estrategias de control biológico de determinadas plagas. De esta manera, la propia biodiversidad del entorno puede convertirse en una aliada del viñedo.
No se trata únicamente de “poner cajas nido”. Se trata de entender el viñedo como un ecosistema y gestionar las relaciones que existen dentro de él.
Cada gota cuenta: gestionar el agua en una bodega
El agua es otro de los grandes retos del sector.
Su utilización comienza en el campo y continúa dentro de la bodega, donde interviene en operaciones de limpieza, elaboración y mantenimiento de las instalaciones.
Por eso, hablar de eficiencia hídrica no significa únicamente consumir menos agua. Significa saber dónde, cuánto y para qué se utiliza.
En el viñedo, tecnologías como el riego por goteo y los sistemas de monitorización de la humedad del suelo permiten ajustar el aporte de agua a las necesidades reales de la planta y de las condiciones del terreno.
La digitalización puede ayudar a dar un paso más. Sensores, estaciones meteorológicas y herramientas de agricultura de precisión permiten tomar decisiones basadas en datos en lugar de aplicar el riego únicamente siguiendo calendarios preestablecidos.
En la bodega, el análisis de consumos permite identificar procesos especialmente intensivos y estudiar alternativas: optimización de los sistemas de limpieza, recuperación de determinadas aguas, mejora de los equipos o reutilización cuando las condiciones sanitarias y técnicas lo permitan.
La pregunta que debería hacerse una bodega no es simplemente “¿cuánta agua consumimos?”, sino también:
¿Dónde la consumimos, por qué la consumimos y qué parte de ese consumo podemos evitar o reducir?
Energía: de consumir electricidad a gestionar la energía
La elaboración del vino requiere energía. Refrigeración, bombeo, iluminación, climatización, maquinaria y diferentes procesos de elaboración pueden generar consumos importantes, especialmente en determinados momentos del ciclo productivo.
Por eso, las energías renovables son una pieza cada vez más visible de las estrategias de sostenibilidad de las bodegas.
La instalación de paneles solares fotovoltaicos para autoconsumo permite producir parte de la electricidad necesaria en las propias instalaciones. Algunas bodegas están incorporando además soluciones de biomasa y otras tecnologías destinadas a reducir su dependencia de combustibles fósiles.
Bodegas Familiares Matarromera, por ejemplo, informa de la utilización de instalaciones fotovoltaicas y de biomasa, así como de sistemas destinados a mejorar la eficiencia energética y la gestión de los recursos. (Bodegas Familiares Matarromera)
Pero instalar placas solares no debería ser necesariamente el primer paso.
Antes conviene conocer cómo se consume la energía.
Una auditoría o diagnóstico energético puede revelar que parte del consumo está asociado a equipos poco eficientes, pérdidas, horarios de funcionamiento o sistemas de refrigeración que podrían optimizarse.
La lógica es sencilla: primero reducir el consumo innecesario y después cubrir una parte creciente de la demanda con fuentes renovables.
¿Y si el CO₂ de la fermentación pudiera volver a la bodega?
Hay un ejemplo especialmente interesante de economía circular dentro de la propia elaboración del vino: el CO₂ generado durante la fermentación alcohólica.
Durante la fermentación se produce dióxido de carbono. Tradicionalmente, este gas se libera al ambiente. Sin embargo, algunas bodegas están desarrollando sistemas para capturarlo y utilizarlo posteriormente en determinados procesos.
Familia Torres lleva años trabajando en esta línea y utiliza CO₂ recuperado de la fermentación como gas inerte para proteger el vino frente a la oxidación. En 2025 comunicó además los resultados de una prueba piloto destinada a obtener CO₂ en estado puro mediante una tecnología desarrollada por una spin-off del Institut Català d’Investigació Química (ICIQ). (Familia Torres)
El ejemplo resulta especialmente interesante porque muestra qué significa realmente hablar de economía circular.
No se trata únicamente de reciclar un residuo al final del proceso.
Se trata de preguntarse si aquello que actualmente consideramos un residuo o una emisión puede convertirse en un recurso dentro del propio sistema productivo.
De los residuos a los recursos
El proceso de elaboración del vino genera diferentes subproductos y residuos: restos de poda, orujos, lías, envases, embalajes y otros materiales.
La economía circular plantea cambiar la pregunta.
En lugar de preguntarnos únicamente “¿cómo eliminamos este residuo?”, podemos preguntarnos:
“¿Cómo podemos evitar generarlo, reutilizarlo o darle un nuevo uso?”
Los restos de poda pueden valorizarse energéticamente o transformarse en materia orgánica. Los subproductos de la elaboración pueden tener diferentes aplicaciones dependiendo de sus características y de la normativa aplicable.
Bodegas Familiares Matarromera, por ejemplo, plantea dentro de su estrategia de sostenibilidad el aprovechamiento y valorización de coproductos y el uso de subproductos vitícolas para generación energética. (Bodegas Familiares Matarromera)
Esto abre también posibilidades de innovación.
La valorización de residuos puede estar vinculada a la producción de biogás o biometano mediante digestión anaerobia, a la generación de compost o incluso al desarrollo de nuevos materiales.
Pero aquí es importante evitar una confusión: no todo residuo puede convertirse automáticamente en un producto sostenible. Cada alternativa debe analizarse desde el punto de vista técnico, ambiental y económico.
La circularidad no consiste en buscar una salida llamativa para cada residuo, sino en priorizar la prevención, la reutilización y la valorización cuando realmente aportan una mejora.
La botella también forma parte de la sostenibilidad
Podemos tener un viñedo gestionado de manera sostenible y una bodega alimentada parcialmente con energía renovable y, sin embargo, mantener un impacto importante asociado al producto final.
¿Por qué?
Porque la botella también cuenta.
El vidrio requiere energía para su fabricación y su peso afecta además al transporte. Por eso, reducir el peso de las botellas puede ser una medida relevante dentro de una estrategia de reducción de emisiones.
Familia Torres, por ejemplo, señala que el 95 % de las botellas producidas en el conjunto de sus bodegas españolas pesaban menos de 420 gramos en 2023, y está trabajando también en iniciativas de reutilización de botellas. (Familia Torres)
El diseño del envase puede incorporar otras decisiones: utilización de materiales reciclados, reducción de embalajes, elección de papeles y cartones, reducción de tintas o eliminación de elementos innecesarios.
Y aquí aparece un concepto especialmente importante: ecodiseño.
El ecodiseño consiste en incorporar los impactos ambientales al proceso de diseño del producto desde el principio, en lugar de intentar corregirlos cuando el producto ya está terminado.
En una botella de vino, esto significa pensar en el conjunto: botella, etiqueta, cápsula, tapón, caja, embalaje y transporte.
Las certificaciones: demostrar lo que se está haciendo
Llegados a este punto aparece una pregunta habitual entre las bodegas:
¿Necesito una certificación para poder decir que soy sostenible?
No necesariamente.
Una estrategia de sostenibilidad y una certificación son cuestiones relacionadas, pero diferentes.
Una bodega puede comenzar por analizar sus impactos, establecer objetivos y desarrollar un plan de acción sin disponer todavía de un sello.
Las certificaciones pueden llegar después como una herramienta para verificar y demostrar determinados compromisos.
En el ámbito vitivinícola español destaca actualmente Sustainable Wineries for Climate Protection (SWfCP), desarrollado por la Federación Española del Vino.
El esquema nació en 2015 como Wineries for Climate Protection, centrado inicialmente en la sostenibilidad ambiental. Desde 2023 incorpora cuatro dimensiones: ambiental, social, económica y de gobernanza. (Federación Española del Vino)
Esto resulta especialmente interesante porque refleja una evolución importante del concepto de sostenibilidad.
Una bodega no puede considerarse sostenible únicamente porque reduzca su consumo energético.
También debe preguntarse cómo gestiona a sus personas, cómo se relaciona con proveedores, cómo gobierna la organización, qué riesgos identifica y cómo genera valor económico de manera sostenible.
En 2025, la FEV contabilizó 142 bodegas certificadas bajo SWfCP en España. Además, el sector dispone desde 2026 de un Barómetro de sostenibilidad basado en 118 indicadores verificados que permite analizar el desempeño de las bodegas en los cuatro pilares del modelo. (Federación Española del Vino)
Sostenibilidad no significa hacer muchas cosas: significa saber por qué se hacen
Una bodega puede tener placas solares, cajas nido, botellas ligeras, cubiertas vegetales y una certificación y, sin embargo, no disponer de una verdadera estrategia de sostenibilidad.
Porque la clave está en conectar las actuaciones.
Por ejemplo:
Si queremos reducir nuestra huella de carbono, necesitamos saber primero dónde se producen nuestras emisiones.
Si queremos reducir el consumo de agua, necesitamos conocer qué procesos concentran el consumo.
Si queremos mejorar la biodiversidad, necesitamos comprender las características del territorio y del propio viñedo.
Si queremos conseguir una certificación, necesitamos conocer sus criterios antes de empezar a implantar medidas.
Y si queremos comunicar todo ello, necesitamos disponer de datos que permitan demostrar lo que estamos diciendo.
La sostenibilidad comienza con el diagnóstico.
¿Por dónde puede empezar una bodega?
No todas las bodegas tienen los mismos impactos ni disponen de los mismos recursos. Por eso, copiar las medidas de otra empresa no siempre es la mejor estrategia.
El primer paso debería ser conocer la situación de partida.
¿Cuánta agua consume la bodega? ¿Cuánta energía? ¿Qué emisiones genera? ¿Qué residuos produce? ¿Qué ocurre con el vidrio? ¿Cómo se gestiona el viñedo? ¿Qué proveedores son críticos? ¿Qué riesgos climáticos afectan a la producción? ¿Qué requisitos están planteando clientes, distribuidores o mercados internacionales?
Con esta información es posible establecer prioridades.
A partir de ahí, una estrategia de sostenibilidad puede combinar medidas de distinta escala: desde cambios operativos que apenas requieren inversión hasta proyectos de eficiencia energética, autoconsumo renovable, digitalización, gestión hídrica, economía circular o adaptación al cambio climático.
Y, sobre todo, permite medir si las decisiones adoptadas están funcionando.
Una bodega sostenible también es una bodega preparada para el futuro
El cambio climático está modificando las condiciones en las que se desarrolla la viticultura. Las temperaturas, la disponibilidad de agua y los episodios meteorológicos extremos pueden afectar tanto al viñedo como a la calidad y regularidad de la producción.
Por eso, sostenibilidad y adaptación climática están cada vez más conectadas.
Familia Torres, por ejemplo, combina medidas de descarbonización con actuaciones de adaptación de sus viñedos y herramientas de viticultura de precisión mediante sensores, drones y satélites. (Familia Torres)
La sostenibilidad deja así de ser únicamente una cuestión ambiental para convertirse también en una cuestión de resiliencia empresarial.
Una bodega que conoce sus consumos, mide sus emisiones, controla sus riesgos, cuida el suelo, optimiza el agua, trabaja con sus proveedores y dispone de objetivos claros está mejor preparada para tomar decisiones cuando cambian las condiciones del entorno.
En MĀLAMA creemos que cada bodega necesita su propio camino hacia la sostenibilidad
No existe una única receta para convertir una bodega en sostenible.
Cada territorio es diferente. Cada viñedo tiene unas condiciones. Cada instalación consume unos recursos determinados. Cada empresa tiene unas prioridades y unos mercados.
Por eso, en MĀLAMA Sostenibilidad entendemos la sostenibilidad como un proceso de diagnóstico, planificación, acción y mejora continua.
Podemos ayudarte a identificar los principales impactos de tu organización, establecer prioridades, definir objetivos y convertir la sostenibilidad en un plan de acción realista y medible.
Porque una bodega sostenible no se construye colocando una etiqueta verde sobre una botella.
Se construye decisión a decisión, desde la tierra hasta la botella.
¿Quieres saber por dónde empezar?
Si tienes una bodega y quieres avanzar en sostenibilidad pero no sabes qué medidas deberían ser prioritarias, el primer paso es conocer tu punto de partida.
En MĀLAMA podemos ayudarte a analizar tu situación y diseñar una hoja de ruta de sostenibilidad adaptada a tu bodega.
Fuentes y referencias
- Federación Española del Vino. Sustainable Wineries for Climate Protection (SWfCP). La certificación incorpora dimensiones ambiental, social, económica y de gobernanza. (Federación Española del Vino)
- Federación Española del Vino. Barómetro sobre la sostenibilidad del sector vitivinícola en España (2026). (Federación Española del Vino)
- Federación Española del Vino. Memoria 2025. Datos sobre evolución de la certificación SWfCP. (Federación Española del Vino)
- Unión Europea. Reglamento (UE) 2018/848 sobre producción ecológica y etiquetado de los productos ecológicos. (EUR-Lex)
- Familia Torres. Información sobre sostenibilidad ambiental, descarbonización, gestión del agua, viticultura regenerativa, envases y captura de CO₂. (Familia Torres)
- Bodegas Familiares Matarromera. Información sobre energía renovable, biomasa, valorización de coproductos y gestión de recursos. (Bodegas Familiares Matarromera)
Para MĀLAMA, creo que este artículo funciona especialmente bien porque no presenta la sostenibilidad como una colección de “trucos verdes”, sino como una forma de gestionar la bodega. Además, deja abierta la puerta a contenidos posteriores muy buenos para posicionamiento orgánico: huella de carbono en bodegas, gestión del agua en bodegas, certificación SWfCP, economía circular en el sector vitivinícola o viticultura regenerativa.
